viernes, 20 de febrero de 2026

INÉS DEL ALMA MÍA

Pedro de Valdivia se diferenciaba de los conquistadores es pañoles como Hernán Cortés, Francisco Pizarro. Tenía la ambición de conquistar el sur del continente, completamente desconocido, precisamente cuando él ya era rico, no le hacía falta arriesgarse.
En el nacimiento de Santiago de Chile hubo una mujer cuyo coraje fue decisivo, pero oculta del relato oficial. Es Inés Suárez.


Inés de Suárez fue mucho más que la amante del gran conquistador Pedro de Valdivia; fue la única mujer española presente en la expedición fundacional de Chile, una viajera tenaz y una estratega en tiempos donde la espada y la palabra daban vida a las fronteras del Nuevo Mundo.
Nacida en Plasencia (Cáceres) en 1507, Inés Suárez tenía poco a su favor en un mundo de hombres. Aprendió el oficio de costurera de su madre y se casó con tan solo 19 años con un soldado llamado Juan de Málaga.
En 1527, su marido partió hacia América, pero pasaban los años y Juan de Málaga no volvía. Inés esperó durante años, hasta saber que había muerto en la Batalla de las Salinas (1538), durante las luchas entre pizarristas y almagristas en Perú, aunque eso lo supo después.


Fue en 1537 y tras obtener una licencia real que la autorizaba a cruzar el Atlántico “en búsqueda de su esposo”, cuando se embarcó sola hacia el Nuevo Mundo.
En Cuzco, fue cuando recibió la noticia de la muerte de su esposo y recibió una pequeña encomienda como viuda de un soldado. Pero en vez de volver a España, decidió asentarse allí y fue en esas tierras andinas donde conoció al que sería su segundo gran amor, Pedro de Valdivia, uno de los principales capitanes de Francisco Pizarro y hombre clave en la futura campaña chilena. El vínculo llevó a Valdivia a pedir permiso a la Corona para que ella le acompañara como sirvienta doméstica en la expedición hacia el sur. Pizarro aprobó la solicitud e Inés Suárez se unió a una de las expediciones más duras del desconocido continente.


Valdivia salió de Cuzco en enero de 1540 con no más de once españoles, incluyendo Inés Suárez, compañera y amante del capitán, y un contingente de indios yanaconas. Las esperanzas estaban puestas en la posible incorporación de los indios Chunchos y Chiriguanos, que acompañaban. Pedro de Valdivia cruzó el Desierto de Atacama el más árido del planeta, entre 1539 y 1540 con cerca de 150 hombres, enfrentando condiciones extremas de día y gélidas noches. Esta dura travesía fue estratégica, dividiendo la expedición en grupos para gestionar el agua. De tanto en tanto tropezaban con los restos muertos de hombres y animales, algunos de la expedición de Almagro. A pesar de la aridez, llegaron al valle de Copiapó y finalmente a Santiago el 12 de febrero de 1541.
Mientras Valdivia había salido, llegó de noche al campamento Pero Sancho de Hoz con tres compañeros, quienes penetraron en la tienda de Valdivia con intenciones aviesas. Inés Suárez, que allí se encontraba, dio la alarma y se mandó llamar a Valdivia. Al no haber conseguido los refuerzos comprometidos y ante la amenaza de caer en prisión por deudas lo atacantes abandonaron la empresa marchándose.
Valdvia y los suyosllegaron hasta el valle de Copiapó. Allí Valdivia tomó posesión del territorio en nombre del Rey, más no de Pizarro, y dio por nombre Nueva Extremadura. Continuó hasta el valle del Mapocho. La nueva ciudad, fundada oficialmente el 12 de febrero de 1541. Valdivia convocó a los indios y les hizo saber de su propósito de establecerse. La expedición fundó una ciudad a orillas del río Mapocho. La bautizaron como Santiago de la Nueva Extremadura (futura Santiago, capital de Chile), siendo Inés la única mujer europea presente.

El 10 de septiembre de 1541 por la noche, miles de guerreros mapuches rodeaban la empalizada de la ciudad, exigían la liberación de varios caciques prisioneros pero Inés Suárez se opuso frontalmente en un improvisado consejo de guerra.
El 11 de septiembre de 1541 Pedro de Valdivia abandonó la ciudad con un pequeño grupo para sofocar una rebelión, dejando apenas a 55 soldados y algunos esclavos indígenas para defender Santiago. No extrañó que los indios mapuches, alertados de esta debilidad, aprovecharan para organizar un asalto masivo.
Al amanecer del día siguiente, tras otra lluvia de flechas incendiarias, la situación era delicada. Según las fuentes, ordenó la decapitación de los siete caciques capturados, y sus cabezas fueron lanzadas por encima de las murallas. Y parece que el golpe psicológico surtió efecto. La confusión se apoderó de los agresores, momento que aprovechó para organizar una salida armada y romper el cerco. Con espada en mano, como si de una capitana se tratara, Inés alentó a los defensores a luchar. Durante el ataque, la labor de Inés Suárez había consistido en llevar agua y víveres a los combatientes, así como a atender a los heridos ya fuese curando sus heridas, ayudando a montar a caballo a los jinetes que no podían hacerlo por su cuenta o aliviando su desesperanza con palabras de ánimo.
La derrota parecía inevitable, pero, cuando todo estaba perdido, Inés Suárez vio la única esperanza de salvación en la muerte de siete caciques locales que los españoles habían capturado.
Inés Suárez propuso decapitarlos para, más tarde, arrojar sus cabezas a los atacantes con el fin de causar pánico entre ellos. Muchos, se opusieron al plan de Inés Suárez argumentando que mantener con vida a los líderes indígenas era su única baza para sobrevivir, aunque eso de poco sirvió, pues Inés Suárez se encaminó hasta la vivienda en la que se encontraban los siete caciques locales y dio la orden de ejecución a los dos soldados que los vigilaban: Francisco Rubio y Hernando de la Torre.


Crónicas de la época cuentan que, cuando Hernando de la Torre preguntó por la manera en la que debían dar muerte a los prisioneros, Inés Suárez tomó su espada y decapitó ella misma a los siete caciques locales que los españoles tomaron como rehenes para más tarde soltar: “De esta manera”. No contenta con ello, Inés Suárez recogió sus cabezas para más tarde lanzarlas ante el ejército atacante. Aquella acción permitió que la villa continuase en manos españolas.
Después del ataque a Santiago del Nuevo Extremo, Inés Suárez llevó una vida apacible no exenta de polémica, pues su convivencia con Pedro de Valdivia continuó hasta que este conquistador español fue sometido a juicio en Lima, donde fue acusado, entre otros cargos, de mantener una relación extramatrimonial con ella y obligado a traer a su esposa a América. Tras ello, Pedro de Valdivia entregó en 1549 a Inés Suárez en matrimonio a uno de sus mejores capitanes, Rodrigo de Quiroga.


Fue entonces cuando Inés Suárez comenzó a llevar una vida tranquila y religiosa y, junto a su nuevo marido, contribuyó en la construcción de importantes edificios del actual Santiago de Chile como el templo de la Merced o la ermita de Monserrat, virgen a la que rindió culto hasta el fin de sus días. Inés Suárez murió en Santiago hacia 1580, y está enterrada en la Basílica de la Merced, templo que ella misma ayudó a fundar.
Falleció a los 85 años de edad habiendo sobrevivido a todos los conquistadores con los que había partido hasta el punto más lejano del nuevo mundo. Ella fue la gran conquistadora española.
Varios testimonios recogidos por cronistas de la época coinciden en que el liderazgo de Inés sobrepasó las expectativas de su tiempo.



Sugiero ver la película “Inés de alma mía”, adaptación de la novela de Isabel Allende.

jueves, 19 de febrero de 2026

CASTILLO DE BELMONTE

Castillo y Villa están declarado de Interés Turístico y Conjunto Histórico Artístico. Recibe el nombre de Belmonte por "Bello Monte" en alusión a unos cerros con encinas que existían en la zona desde antiguo. Belmonte era una aldea dependiente de Alarcón que fue conquistada a los musulmanes almohades en 1184. El territorio pasó a depender militarmente de la Orden de Santiago y del recién creado Obispado de Cuenca.


El castillo es de estilo gótico con elementos mudéjares y platerescos. Reformado a finales del siglo XIX. Belmonte fue el lugar de nacimiento del monje agustino Fray Luis de León en 1528. Y fue residencia particular de la emperatriz de Francia María Eugenia de Montijo.
En 1398 el rey Enrique III de Castilla (1390-1406) dona la villa de Belmonte a Juan Fernández Pacheco. Vivió Don Juan Manuel, (1282-1384), que era nieto de Fernando el Santo y sobrino de Alfonso X, el sabio. Miembro de la casa real fue escritor en lengua castellana y famoso por su “El conde Lucanor”. Escribía cuentos como “El mozo que casó con mujer brava”, y de ahí salió “La fierecilla domada” de W. Shakespeare.
Y el famoso cuento en que los mercaderes hicieron un paño que el rey dijo que solo lo podría ver aquella persona que no fuera hijo auténtico de su padre. Hasta que un esclavo negro desveló el secreto diciendo que el rey iba desnudo.
En el siglo siguiente, el XV, el castillo tuvo otro asombroso propietario el misterioso marqués de Villena, Juan Pacheco, (1419 1474). Ante el ascenso de Beltrán de la Cueva y el posterior nacimiento de Juana, (la Beltraneja) Juan Pacheco fue relegado del Consejo del rey.  El rey muere en los últimos días de 1474 lo que provoca que Isabel se proclama reina de Castilla. Pacheco envía a Belmonte a Juana para su protección y a partir de aquí comenzará la guerra con Portugal que ganará Fernando para Castilla.


Para quitarle a Belmonte este regusto a intrigas y codicias, por suerte nació un varón, que en vez de pensar en las materias de la tierra, pensara en lo espiritual del cielo. “Qué descansada vida, la que huye del mundanal ruido...” Será así como se vengara el que los perseguidores le habían tenido injustamente encarcelado, con un “decíamos ayer...”.
En Belmonte nació en 1528, fray Luis de León.
Según un documento de 1456, don Juan Pacheco ordena construir el castillo y una muralla de cal y canto que rodease la villa hasta el castillo, cuya tercera parte sería costeada por el propio marqués y el resto por sus vasallos de Belmonte. Juan Pacheco también ordenó construir la Iglesia Colegial de San Bartolomé en esta villa de Belmonte.
El marqués de Villena, Juan Pacheco, cedió en 1467 el castillo inacabado, a su hijo Diego López Pacheco Portocarrero segundo marqués de Villena. Este al apoyar el bando de la hija de Enrique IV (Juana la Beltraneja) perdió temporalmente la propiedad del castillo y de otras villas (Garcimuñoz y Alarcón). Dice la historia que cuando la causa de Juana la Beltraneja se daba por perdida, y ante la actitud del Marqués de Villena de cambiar de bando, Juana vio peligrar su seguridad y se descolgó por una de las ventanas de la capilla del palacio huyendo por la puerta que hoy día recibe su nombre.

Poco tiempo después, la ya reina Isabel la Católica le devolvió sus propiedades. Esta historia hay que enmarcarla en el periodo de la guerra civil de Castilla entre los partidarios de Isabel la Católica y Juana llamada "la Beltraneja".
Durante la Guerra de Sucesión (1701-1713), los descendientes del Marqués de Villena se distinguieron por su adhesión a la causa de Felipe V a quien prestaron grandes servicios. La situación de Belmonte les sirvió maravillosamente, eligiéndolo punto estratégico para detener los socorros que recibía de Portugal el archiduque Carlos de Austria aspirante a la Corona.
Durante la guerra de la independencia (1808-1814), el castillo sirvió como cárcel francesa quedando al final de la guerra en lamentable estado. En el siglo XIX la propiedad del castillo la ostentaba el condado de Montijo, Eugenia de Montijo (esposa del emperador de Francia Napoleón III) que mandó la rehabilitación del castillo siguiendo esquemas franceses en la restauración

Durante la Guerra Civil Española el castillo sirvió de cuartel republicano y prisión y al finalizar la contienda hizo en 1946 de Escuela Superior de Mandos Onésimo Redondo.
En élse rodaron parte de las escenas de la película El Cid (1961) protagonizada por Charlton Heston y Sofía Loren.
Belmonte es uno de los pueblos más pintorescos de la provincia de Cuenca. La villa cuenta con una de las fortalezas más impresionantes de la región, además del castillo en cuyo interior deslumbran su patio de armas, sus artesonados mudéjares y relieves góticos, que extiende sus brazos de murallas hacia la población abriéndose a ella con cinco puertas, de las que hoy en día se conservan tres: la de San Juan, la de Chinchilla y la Puerta Nueva. La Colegiata de San Bartolomé, de estilo mayoritariamente gótico y en la que deslumbran sus puertas del Sol y de los Perdones, compite en belleza con este monumento.


Además, en una ruta por este destino que invita a realizar un viaje en el tiempo hay que detenerse en el Palacio de Buenavista, el Convento de los Jesuitas, la Casa de Comedias, la Casa Bellomonte, un centro expositivo que recrea una casa del siglo XV, y la ermita de Nuestra Señora de Gracia. Por último, situado en una colina cercana, está el molino ‘El Puntal’, que conserva la maquinaria original y que permite al visitante conocer su funcionamiento.
                                        

martes, 17 de febrero de 2026

Ena, para los suyos, por el gaélico Aithne (fuego pequeño), nació en el castillo de Balmoral (Escocia), en 1887. Pasó su infancia y adolescencia entre esa residencia, el palacio de Buckingham, el castillo de Windsor, la casa Osborne, en la isla de Wight, y el palac io de Kensington.


Victoria, o Ena como la llamaban en su familia, fue fruto de un matrimonio morganático, que es el palabro que se utilizaba para definir a matrimonios entre personas de distinto rango. Su madre, Beatriz, princesa de Reino Unido por nacimiento y su padre, Enrique de Battenberg, un aristócrata alemán.
Victoria Eugenia fue invitada a una cena de gala en el Hôtel du Palais de Biarritz a la que también estaba invitado el rey español, Alfonso XIII. Para aquel entonces el Rey tenía ya 19 años y a pesar de un físico no demasiado agraciado, era considerado una especie de playboy, una suerte de partidazo que había nacido ya con la corona puesta. Su madre, que fue regente durante toda su infancia, María Cristina, estaba acostumbrada a hacer y deshacer a su antojo por aquello de los años de regencia y pensaba que también podía decidir con quién entroncaría su hijo en real matrimonio.
Para desgracia de la Reina regente María Cristina, en aquella cena de gala se cruzó en la vida de Alfonso una joven princesa inglesa de nombre Victoria Eugenia. Para María Cristina aquella era una pésima opción, argumentos en su contra tenía para elegir. Para empezar, profesaba una religión distinta a la de Alfonso, era anglicana, para continuar provenía de un matrimonio morganático en el que la familia real británica emparentaba con una a la que María Cristina consideraba unos advenedizos venidos a menos, los Battenberg.
María Eugenia sobre Alfonso XIII, dijo en una entrevista: “No se puede decir que fuese guapo, pero tenía una buena estatura. Era muy simpático, vivaz, pero no guapo. Era meridional, muy meridional”. Su correspondencia, custodiada hoy en el Palacio Real, estrechó el vínculo en la distancia.


Tras abjurar del protestantismo y recibir el bautismo católico en San Sebastián, en enero de 1906, la Casa Real hizo público su compromiso. La princesa todavía no hablaba español, pero no le costó demasiado aprenderlo: seis meses para seguir una conversación y un año y medio para participar en ella con solvencia.
Aficionada a la lectura, su biblioteca en España alcanzó los mil volúmenes, y hábil para los idiomas, hablaba inglés, francés y alemán, recibió la educación propia de cualquier princesa de la época.
Al público parecía agradarle aquella muchacha “delicada y espiritual”, en palabras de Azorín, a la que los lectores del monárquico ABC habían designado en una encuesta como favorita para desposarse con el rey. A propósito de su llegada a España, la infanta Eulalia, tía de Alfonso XIII, apuntó en sus Memorias: “Se creyó encontrar entre locos al oír las exclamaciones de los madrileños, que a su paso arrojaban flores”.
La ceremonia nupcial se celebró el 31 de mayo de 1906 en la iglesia de San Jerónimo el Real, y, como sabemos, estuvo marcada por el intento de magnicidio de Mateo Morral. Cuando la comitiva regresaba al Palacio Real, el joven anarquista arrojó una bomba desde un balcón de la calle Mayor, matando a unas veinticinco personas. Los reyes salieron ilesos. Años después, Victoria Eugenia recordaría la angustia de aquella jornada en una entrevista a la televisión francesa: “Les puedo asegurar que no fue agradable bajar y ver toda aquella sangre. Vi a un pobre soldado con las piernas así (haciendo una X con los dedos). ¡Qué horror!”.


El primer hijo de la pareja recibió el nombre del padre. Nacido en 1907, Alfonso de Borbón y Battenberg fue diagnosticado de hemofilia, transmitida por su madre. No podemos saber si los reyes ya lo sabían o no, sobre aquel mal, cuya primera mención en un informe médico sobre el príncipe de Asturias y el benjamín Gonzalo data de 1926. Lo cierto es que la hemofilia fue determinante en la muerte de ambos por accidentes en 1938 y 1934, respectivamente, no superaron los consiguientes problemas de coagulación de la sangre. Fueron golpes muy duros para Victoria Eugenia, madre también de Jaime (1908-1975), Beatriz (1909-2002), María Cristina (1911-1996) y Juan (1913-1993)  que por estas triquiñuelas del destino, Juan, el tercero de los hermanos, y el único sin hemofilia, terminó llevando el título de heredero como Príncipe de Asturias que, a buen seguro, ella se sintió juzgada por su marido y su suegra, María Cristina, por haber introducido la hemofilia en la familia real española. La rigidez de esta última y las constantes infidelidades de Alfonso, padre de varios hijos bastardos con la actriz Carmen Ruiz Moragas y otras mujeres, empañaron su vida.

Ante los desafíos que afrontaban España y el conjunto de Europa, su labor fue todo menos baladí. Las voluntarias de la Cruz Roja Española se desplegaron en el Protectorado Español de Marruecos tras el desastre de Annual de 1921; y si en 1915 Alfonso XIII se animó a fundar la “Oficina Pro-cautivos” para localizar a los presos y desaparecidos de la Gran Guerra, fue por iniciativa de ella.
Curiosamente, el rey fue propuesto para el premio Nobel de la Paz en 1917 por su labor al frente de ese departamento, pero, finalmente, el Comité Internacional de la Cruz Roja fue el favorecido.
Cuando en abril del 31 se proclamó la Segunda República, Alfonso XIII dejó el país dejando atrás a su mujer y a sus cinco hijos, un bonito detalle de un hombre que emprendía una huida hacia delante en la que su familia no parecía jugar un papel protagonista. Después de esta salida del país llegaron los años del exilio y en el exilio, el divorcio. Victoria Eugenia terminó tan cansada de desplantes y feos que abandonó a su marido y se fue con su madre a Inglaterra y desde allí le pidió el divorcio y la devolución de la dote que presentó para la celebración de su matrimonio con intereses de los 24 años que habían pasado juntos, además de una pensión compensatoria.
Durante su largo exilio, Victoria Eugenia pudo, al menos, despedirse de España. Se le recuerda también por ser madrina de bautizo del ahora Rey don Felipe VI en febrero de 1968, y además de ser ella la artífice de las conocidas “Joyas de pasar” de la Reina de España, las piezas más importantes del joyero real que lucen hoy las Reinas doña Letizia y doña Sofía.


BAUTISMO DE FELIPE VI
Si en 1931 había salido por la puerta de atrás, treinta y siete años después, en el aeropuerto de Barajas, frente a una multitud de unas cinco mil personas, se congratuló porque el pueblo no la hubiera olvidado.
Falleció en Lausana, 15 de abril de 1969 en su residencia de Vieille Fontaine a los 81 años de edad.  Enterrada en el cementerio de Bois-de-Vaux,  la esposa de Alfonso XIII, madre de Juan de Borbón y abuela de Juan Carlos I y bisabuela de Felipe VI permaneció allí hasta 1985, hace ahora cuarenta años, cuando sus restos mortales fueron trasladados a España, junto con los de sus hijos Alfonso, Gonzalo y Jaime.
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lunes, 16 de febrero de 2026

CATEDRAL DE BARCELONA

La Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de la Santa Cruz y Santa Eulalia, también llamada, en lugar de catedral, Seo, es la catedral gótica de Barcelona, sede del Arzobispado de Barcelona.


Es importante conocer que antes de que se colocara la primera piedra gótica, este lugar ya era sagrado. Aquí hubo una basílica paleocristiana y, más tarde, una catedral románica. La actual catedral comenzó a construirse en 1298, en tiempos de Jaime II, cuando Barcelona ya era una potencia comercial del Mediterráneo. No se empezó desde cero, pues se construyó sobre capas anteriores, reutilizando espacio, simbolismo y función.

Lo que vemos hoy es una construcción de los siglos XIII al XV sobre una antigua iglesia románica, construida a su vez sobre una iglesia de la época visigoda a la que precedió una basílica paleocristiana, cuyos restos pueden verse en el subsuelo, en el Museo de Historia de la Ciudad. La finalización de la imponente fachada en el mismo estilo, sin embargo, es del siglo XIX.  Está catalogado Bien de Interés Cultural y Monumento Histórico-Artístico Nacional.
Esta Catedral primitiva, profundamente deteriorada por Almanzor, cuando este caudillo árabe incendió y destruyó la ciudad, se mantuvo en pie hasta 1046, año en que el conde de Barcelona, Ramón Berenguer el Viejo inició la construcción de otra Catedral, la denominada Catedral románica. Esta segunda catedral fue consagrada en noviembre de 1058 por el arzobispo Wifredo, metropolitano de Narbona.
Los martirios de Santa Eulalia y San Cucufate, durante la persecución de Diocleciano Maximiano, testifican que había cristianos en Barcelona al menos en las postrimerías del siglo III y en los primeros años del siglo IV. Hay varias leyendas sobre Eulalia. Fue una niña educada en el cristianismo, que vivió en las afueras de la ciudad de Barcino (Hispania), en lo que hoy es Sarriá, a finales del siglo III, época romana. Con 13 años, durante el período de persecuciones a los cristianos del emperador Diocleciano (284-305 d.C., Eulalia se escapó de su hogar y fue a buscar al gobernador de Barcino para recriminarle las represiones. El gobernador, ante la negativa de la niña a renunciar a la fe cristiana, la condenó a trece martirios, tantos como años tenía.

La Catedral de Barcelona es gótica, pero no como las del norte de Europa. Nada más verlo, os daréis cuenta no hay una obsesión latente por la altura extrema ni por el exceso ornamental. El gótico catalán apuesta por la amplitud, la claridad y una cierta sobriedad. La nave central alcanza los 26 metros de altura, menos que en León o Burgos, pero gana en sensación de espacio continuo. Es un templo pensado para una ciudad mercantil, no para una corte real.  Catedral gótica pero con una capilla románica (Santa Lucía), y un bello claustro fue comenzada en 1298 reinando Jaime II, sobre sobre la antigua catedral románica.
Junto a la pila bautismal una lápida recuerda el bautismo de seis indios caribeños traídos por Colón en 1493.

La fachada, imponente es típico gótico francés. El interior es gótico catalán tiene tres naves con 28 capillas laterales entre las columnas, que soportan el techo abovedado. La sillería del coros del siglo XV. Los claustros góticos tienen en un ángulo  una estatua ecuestre de San Jorge, de la que manaba agua fresca.
La Catedral está dedicada a Santa Cruz y a Santa Eulalia, patrona de la ciudad de Barcelona (actualmente es más celebrada la Virgen de la Merced que es patrona de la diócesis de Barcelona, pero no de la ciudad).
Hay también un gran estanque por donde campan a sus anchas las trece ocas blancas de la Catedral. También podemos encontrar en uno de los ángulos del patio central, una fuente con una pequeña estatua de Sant Jordi matando al dragón, donde la gente arroja monedas para pedir un deseo y toca el agua, con la creencia de que trae buena suerte. 


Distribuidas por el suelo podréis observar insignias de los gremios de la Barcelona medieval, pertenecen a miembros de esos gremios, que por su colaboración en el sostenimiento económico de la catedral se ganaron el privilegio de ser enterrados en un lugar tan emblemático. Para Navidad, en el claustro se instala un belén, con figuras de gran tamaño.
La presencia y el número de las ocas se atribuye a dos leyendas. La primera nos cuenta que, cuando comenzó la construcción de la catedral, el guardián de las obras vivía acompañado de unas ocas. Un día, unos ladrones irrumpieron en las obras, y las ocas comenzaron a graznar, evitando el robo. Desde entonces se ganaron el honor de poder estar de manera permanente en este lugar. La cantidad de animales, 13, se debe a la leyenda de Santa Eulalia, quien reposa en la cripta de la Catedral. Durante la época romana, la pequeña Eulalia fue condenada por negarse a renunciar a la fe cristiana, y se le aplicaron 13 martirios, tantos como años tenía.
Una construcción que es el resultado de generaciones enteras haciendo, parando, retomando y corrigiendo. Por eso no impresiona de golpe, pero en cuanto te sitúas, la sensación es indescriptible; y más cuando te das cuenta de que has entrado en un edificio que resume más de seis siglos de historia. Las obras se adaptaban a los recursos disponibles, a las crisis económicas, a las guerras y a las prioridades del momento. En la Edad Media y la Moderna no era extraño convivir con edificios inacabados durante generaciones. La catedral funcionaba, se utilizaba y se respetaba aunque no estuviera completa.


El gran motivo por el que esta catedral tardó casi 600 años en terminarse es su fachada principal, pues durante siglos fue sobria y provisional. No fue hasta finales del siglo XIX cuando se decidió completarla siguiendo un diseño neogótico basado en un proyecto medieval conservado en el archivo catedralicio. 


Las obras comenzaron en 1882 y concluyeron en 1913, gracias al mecenazgo del banquero Manuel Girona. El resultado es la fachada que hoy conocemos.

domingo, 15 de febrero de 2026

VIRIATO

(180 a.C – 139 a.C) 
Héroe lusitano denominado “el terror de Roma”. Defendió parte del oeste de la península Ibérica (territorios de la actual Portugal y sudoeste de España) contra los romanos. Viriato se puede considerar más portugués que español, pero en realidad no era ninguna de las dos cosas. Era lusitano, un pueblo prerromano que se asentaba en la zona portuguesa de Castelo Branco y parte de lo que conocemos hoy como Extremadura, en España. Hacia el norte, los lusitanos se extendieron hasta el río Duero, donde hacían frontera con los galaicos.  



El 147 a. C., el nuevo líder lusitano Viriato reunió a las tribus lusitanas e inició una guerra de guerrillas contra los romanos, sin presentarles batalla en campo abierto. Infligió numerosas derrotas a las temibles legiones romanas, valiéndose de estratagemas. La movilidad de las tropas de Viriato, que aprovechaba su amplio conocimiento del terreno, hacía imposible a los romanos obtener alguna victoria sobre los lusitanos. Viriato sostuvo una guerra de ocho años contra las tropas romanas, llegando a dominar más de la mitad de la Península Ibérica. El año 139 a.C., Viriato era asesinado por sus propios lugartenientes, sobornados por Roma, mientras dormía en su tienda. Los traidores se presentaron nuevamente ante Cepión para comunicarle que habían cumplido su parte del pacto.

Guerras Lusitanas
El 147 a. C., el nuevo líder lusitano Viriato reunió a las tribus lusitanas de nuevo e inició una guerra de guerrillas contra los romanos, sin presentarles batalla en campo abierto. Infligió numerosas derrotas a las temibles legiones romanas, valiéndose de estratagemas. La movilidad de las tropas de Viriato, que aprovechaba su amplio conocimiento del terreno, hacía imposible a los romanos obtener alguna victoria sobre los lusitanos. Viriato sostuvo una guerra de ocho años contra las tropas romanas, llegando a dominar más de la mitad de la Península Ibérica. Varios cónsules y pretores fueron vencidos o muertos en alguno de los combates, como es el caso del pretor Cayo Vetilio en la batalla de Tribola (147 a.C.). Con esta victoria, Viriato se hizo dueño de toda la provincia Ulterior. Su fama se extendió por toda la Celtiberia, donde llegó a ocupar la ciudad de Segobriga (cerca de Saelices, Cuenca).
En el 146 a.C. termina la Tercera Guerra Púnica y los romanos disponían ahora de mayores recursos bélicos para enviar refuerzos a Hispania. Con los nuevos refuerzos llegados a la Península, los romanos pudieron repeler durante dos años a los lusitanos e incluso infligirles varias derrotas. Viriato se vio obligado de atrincherarse. En el 143 a.C. volvió a desplegar una ofensiva contra los romanos, recuperando el terreno perdido.
En el año 140 a.C., Viriato tuvo en sus manos el poder aniquilar el ejército de Serviliano, pero sus tropas habían mermado y estaban ansiosas de paz y Viriato ofreció la paz al enemigo. Los romanos, sabiendo que no podían derrotar al caudillo lusitano, firmaron un tratado de paz, que reconocía la independencia de Lusitania, cosa que no gustó mucho al Senado romano. Roma seguía sin tener dominio alguno sobre la mayor parte de las tierras que más tarde constituirían la Provincia Hispania Ulterior Lusitania, a excepción de El Algarve.
Pero un año más tarde, Roma se recupera de sus derrotas militares en Hispania y envía a un nuevo procónsul para la provincia Ulterior, Quinto Servilio Cepión, cuya primera medida fue romper el pacto llevado a cabo poco antes entre Viriato y su predecesor. Cepión, con un enorme contingente militar, pone cerco a las posesiones lusitanas y obliga a Viriato a retroceder hacia el interior de Lusitania. Viriato, queriendo conseguir una paz honrosa para su gente, envió a tres de sus lugartenientes al campamento de Cepión. El procónsul romano, en vez de negociar, ofreció a los emisarios de Viriato tierras y dinero si le conseguían la cabeza de Viriato. Los tres emisarios aceptaron, cumplieron su misión. El año 139 a.C., Viriato era asesinado por sus propios lugartenientes, sobornados por Roma, mientras dormía en su tienda. Los traidores se presentaron nuevamente ante Cepión para comunicarle que habían cumplido su parte del pacto y reclamarle el dinero y las tierras prometidas por el romano. 


Dice la leyenda que el general romano los miró con desprecio y les espetó: “Roma no paga a traidores”.
Con la muerte de Viriato desaparece también la última resistencia organizada de los lusitanos, y Roma continuaría adentrándose en la Lusitania. La caída de Lusitania dejó el camino abierto para el general romano Décimo Junio Bruto, que se interna hasta la inexplorada Gallaecia. La conquista de Talobriga, el último reducto lusitano, supuso el fin de la guerra y la anexión total de la zona.  Con el fin de las Guerras Lusitanas, todo el nuevo territorio conquistado al sur del Duero quedó como propiedad del Estado romano.
Viriato quedó durante siglos en la memoria hispánica como el referente heroico de la resistencia sin tregua con el invasor.

INÉS DEL ALMA MÍA

Pedro de Valdivia se diferenciaba de los conquistadores es pañoles como Hernán Cortés, Francisco Pizarro. Tenía la ambición de conquistar el...