viernes, 20 de febrero de 2026

INÉS DEL ALMA MÍA

Pedro de Valdivia se diferenciaba de los conquistadores es pañoles como Hernán Cortés, Francisco Pizarro. Tenía la ambición de conquistar el sur del continente, completamente desconocido, precisamente cuando él ya era rico, no le hacía falta arriesgarse.
En el nacimiento de Santiago de Chile hubo una mujer cuyo coraje fue decisivo, pero oculta del relato oficial. Es Inés Suárez.


Inés de Suárez fue mucho más que la amante del gran conquistador Pedro de Valdivia; fue la única mujer española presente en la expedición fundacional de Chile, una viajera tenaz y una estratega en tiempos donde la espada y la palabra daban vida a las fronteras del Nuevo Mundo.
Nacida en Plasencia (Cáceres) en 1507, Inés Suárez tenía poco a su favor en un mundo de hombres. Aprendió el oficio de costurera de su madre y se casó con tan solo 19 años con un soldado llamado Juan de Málaga.
En 1527, su marido partió hacia América, pero pasaban los años y Juan de Málaga no volvía. Inés esperó durante años, hasta saber que había muerto en la Batalla de las Salinas (1538), durante las luchas entre pizarristas y almagristas en Perú, aunque eso lo supo después.


Fue en 1537 y tras obtener una licencia real que la autorizaba a cruzar el Atlántico “en búsqueda de su esposo”, cuando se embarcó sola hacia el Nuevo Mundo.
En Cuzco, fue cuando recibió la noticia de la muerte de su esposo y recibió una pequeña encomienda como viuda de un soldado. Pero en vez de volver a España, decidió asentarse allí y fue en esas tierras andinas donde conoció al que sería su segundo gran amor, Pedro de Valdivia, uno de los principales capitanes de Francisco Pizarro y hombre clave en la futura campaña chilena. El vínculo llevó a Valdivia a pedir permiso a la Corona para que ella le acompañara como sirvienta doméstica en la expedición hacia el sur. Pizarro aprobó la solicitud e Inés Suárez se unió a una de las expediciones más duras del desconocido continente.


Valdivia salió de Cuzco en enero de 1540 con no más de once españoles, incluyendo Inés Suárez, compañera y amante del capitán, y un contingente de indios yanaconas. Las esperanzas estaban puestas en la posible incorporación de los indios Chunchos y Chiriguanos, que acompañaban. Pedro de Valdivia cruzó el Desierto de Atacama el más árido del planeta, entre 1539 y 1540 con cerca de 150 hombres, enfrentando condiciones extremas de día y gélidas noches. Esta dura travesía fue estratégica, dividiendo la expedición en grupos para gestionar el agua. De tanto en tanto tropezaban con los restos muertos de hombres y animales, algunos de la expedición de Almagro. A pesar de la aridez, llegaron al valle de Copiapó y finalmente a Santiago el 12 de febrero de 1541.
Mientras Valdivia había salido, llegó de noche al campamento Pero Sancho de Hoz con tres compañeros, quienes penetraron en la tienda de Valdivia con intenciones aviesas. Inés Suárez, que allí se encontraba, dio la alarma y se mandó llamar a Valdivia. Al no haber conseguido los refuerzos comprometidos y ante la amenaza de caer en prisión por deudas lo atacantes abandonaron la empresa marchándose.
Valdvia y los suyosllegaron hasta el valle de Copiapó. Allí Valdivia tomó posesión del territorio en nombre del Rey, más no de Pizarro, y dio por nombre Nueva Extremadura. Continuó hasta el valle del Mapocho. La nueva ciudad, fundada oficialmente el 12 de febrero de 1541. Valdivia convocó a los indios y les hizo saber de su propósito de establecerse. La expedición fundó una ciudad a orillas del río Mapocho. La bautizaron como Santiago de la Nueva Extremadura (futura Santiago, capital de Chile), siendo Inés la única mujer europea presente.

El 10 de septiembre de 1541 por la noche, miles de guerreros mapuches rodeaban la empalizada de la ciudad, exigían la liberación de varios caciques prisioneros pero Inés Suárez se opuso frontalmente en un improvisado consejo de guerra.
El 11 de septiembre de 1541 Pedro de Valdivia abandonó la ciudad con un pequeño grupo para sofocar una rebelión, dejando apenas a 55 soldados y algunos esclavos indígenas para defender Santiago. No extrañó que los indios mapuches, alertados de esta debilidad, aprovecharan para organizar un asalto masivo.
Al amanecer del día siguiente, tras otra lluvia de flechas incendiarias, la situación era delicada. Según las fuentes, ordenó la decapitación de los siete caciques capturados, y sus cabezas fueron lanzadas por encima de las murallas. Y parece que el golpe psicológico surtió efecto. La confusión se apoderó de los agresores, momento que aprovechó para organizar una salida armada y romper el cerco. Con espada en mano, como si de una capitana se tratara, Inés alentó a los defensores a luchar. Durante el ataque, la labor de Inés Suárez había consistido en llevar agua y víveres a los combatientes, así como a atender a los heridos ya fuese curando sus heridas, ayudando a montar a caballo a los jinetes que no podían hacerlo por su cuenta o aliviando su desesperanza con palabras de ánimo.
La derrota parecía inevitable, pero, cuando todo estaba perdido, Inés Suárez vio la única esperanza de salvación en la muerte de siete caciques locales que los españoles habían capturado.
Inés Suárez propuso decapitarlos para, más tarde, arrojar sus cabezas a los atacantes con el fin de causar pánico entre ellos. Muchos, se opusieron al plan de Inés Suárez argumentando que mantener con vida a los líderes indígenas era su única baza para sobrevivir, aunque eso de poco sirvió, pues Inés Suárez se encaminó hasta la vivienda en la que se encontraban los siete caciques locales y dio la orden de ejecución a los dos soldados que los vigilaban: Francisco Rubio y Hernando de la Torre.


Crónicas de la época cuentan que, cuando Hernando de la Torre preguntó por la manera en la que debían dar muerte a los prisioneros, Inés Suárez tomó su espada y decapitó ella misma a los siete caciques locales que los españoles tomaron como rehenes para más tarde soltar: “De esta manera”. No contenta con ello, Inés Suárez recogió sus cabezas para más tarde lanzarlas ante el ejército atacante. Aquella acción permitió que la villa continuase en manos españolas.
Después del ataque a Santiago del Nuevo Extremo, Inés Suárez llevó una vida apacible no exenta de polémica, pues su convivencia con Pedro de Valdivia continuó hasta que este conquistador español fue sometido a juicio en Lima, donde fue acusado, entre otros cargos, de mantener una relación extramatrimonial con ella y obligado a traer a su esposa a América. Tras ello, Pedro de Valdivia entregó en 1549 a Inés Suárez en matrimonio a uno de sus mejores capitanes, Rodrigo de Quiroga.


Fue entonces cuando Inés Suárez comenzó a llevar una vida tranquila y religiosa y, junto a su nuevo marido, contribuyó en la construcción de importantes edificios del actual Santiago de Chile como el templo de la Merced o la ermita de Monserrat, virgen a la que rindió culto hasta el fin de sus días. Inés Suárez murió en Santiago hacia 1580, y está enterrada en la Basílica de la Merced, templo que ella misma ayudó a fundar.
Falleció a los 85 años de edad habiendo sobrevivido a todos los conquistadores con los que había partido hasta el punto más lejano del nuevo mundo. Ella fue la gran conquistadora española.
Varios testimonios recogidos por cronistas de la época coinciden en que el liderazgo de Inés sobrepasó las expectativas de su tiempo.



Sugiero ver la película “Inés de alma mía”, adaptación de la novela de Isabel Allende.

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