Castillo
y Villa están declarado de Interés Turístico y Conjunto Histórico Artístico.
Recibe el nombre de Belmonte por "Bello Monte" en alusión a unos
cerros con encinas que existían en la zona desde antiguo. Belmonte era una
aldea dependiente de Alarcón que fue conquistada a los musulmanes almohades en
1184. El territorio pasó a depender militarmente de la Orden de Santiago y del
recién creado Obispado de Cuenca.
El castillo es de estilo gótico con elementos mudéjares y platerescos. Reformado a finales del siglo XIX. Belmonte fue el lugar de nacimiento del monje agustino Fray Luis de León en 1528. Y fue residencia particular de la emperatriz de Francia María Eugenia de Montijo.
En 1398 el rey Enrique III de Castilla (1390-1406) dona la villa de Belmonte a Juan Fernández Pacheco. Vivió Don Juan Manuel, (1282-1384), que era nieto de Fernando el Santo y sobrino de Alfonso X, el sabio. Miembro de la casa real fue escritor en lengua castellana y famoso por su “El conde Lucanor”. Escribía cuentos como “El mozo que casó con mujer brava”, y de ahí salió “La fierecilla domada” de W. Shakespeare.
Y el famoso cuento en que los mercaderes hicieron un paño que el rey dijo que solo lo podría ver aquella persona que no fuera hijo auténtico de su padre. Hasta que un esclavo negro desveló el secreto diciendo que el rey iba desnudo.
En el siglo siguiente, el XV, el castillo tuvo otro asombroso propietario el misterioso marqués de Villena, Juan Pacheco, (1419 1474). Ante el ascenso de Beltrán de la Cueva y el posterior nacimiento de Juana, (la Beltraneja) Juan Pacheco fue relegado del Consejo del rey. El rey muere en los últimos días de 1474 lo que provoca que Isabel se proclama reina de Castilla. Pacheco envía a Belmonte a Juana para su protección y a partir de aquí comenzará la guerra con Portugal que ganará Fernando para Castilla.
Para quitarle a Belmonte este regusto a intrigas y codicias, por suerte nació un varón, que en vez de pensar en las materias de la tierra, pensara en lo espiritual del cielo. “Qué descansada vida, la que huye del mundanal ruido...” Será así como se vengara el que los perseguidores le habían tenido injustamente encarcelado, con un “decíamos ayer...”.
En Belmonte nació en 1528, fray Luis de León.
Según un documento de 1456, don Juan Pacheco ordena construir el castillo y una muralla de cal y canto que rodease la villa hasta el castillo, cuya tercera parte sería costeada por el propio marqués y el resto por sus vasallos de Belmonte. Juan Pacheco también ordenó construir la Iglesia Colegial de San Bartolomé en esta villa de Belmonte.
El marqués de Villena, Juan Pacheco, cedió en 1467 el castillo inacabado, a su hijo Diego López Pacheco Portocarrero segundo marqués de Villena. Este al apoyar el bando de la hija de Enrique IV (Juana la Beltraneja) perdió temporalmente la propiedad del castillo y de otras villas (Garcimuñoz y Alarcón). Dice la historia que cuando la causa de Juana la Beltraneja se daba por perdida, y ante la actitud del Marqués de Villena de cambiar de bando, Juana vio peligrar su seguridad y se descolgó por una de las ventanas de la capilla del palacio huyendo por la puerta que hoy día recibe su nombre.
Poco
tiempo después, la ya reina Isabel la Católica le devolvió sus propiedades.
Esta historia hay que enmarcarla en el periodo de la guerra civil de Castilla
entre los partidarios de Isabel la Católica y Juana llamada "la
Beltraneja".
Durante la Guerra de Sucesión (1701-1713), los descendientes del Marqués de Villena se distinguieron por su adhesión a la causa de Felipe V a quien prestaron grandes servicios. La situación de Belmonte les sirvió maravillosamente, eligiéndolo punto estratégico para detener los socorros que recibía de Portugal el archiduque Carlos de Austria aspirante a la Corona.
Durante la guerra de la independencia (1808-1814), el castillo sirvió como cárcel francesa quedando al final de la guerra en lamentable estado. En el siglo XIX la propiedad del castillo la ostentaba el condado de Montijo, Eugenia de Montijo (esposa del emperador de Francia Napoleón III) que mandó la rehabilitación del castillo siguiendo esquemas franceses en la restauración
Durante la Guerra de Sucesión (1701-1713), los descendientes del Marqués de Villena se distinguieron por su adhesión a la causa de Felipe V a quien prestaron grandes servicios. La situación de Belmonte les sirvió maravillosamente, eligiéndolo punto estratégico para detener los socorros que recibía de Portugal el archiduque Carlos de Austria aspirante a la Corona.
Durante la guerra de la independencia (1808-1814), el castillo sirvió como cárcel francesa quedando al final de la guerra en lamentable estado. En el siglo XIX la propiedad del castillo la ostentaba el condado de Montijo, Eugenia de Montijo (esposa del emperador de Francia Napoleón III) que mandó la rehabilitación del castillo siguiendo esquemas franceses en la restauración
Durante
la Guerra Civil Española el castillo sirvió de cuartel republicano y prisión y
al finalizar la contienda hizo en 1946 de Escuela Superior de Mandos Onésimo
Redondo.
En élse rodaron parte de las escenas de la película El Cid (1961) protagonizada por Charlton Heston y Sofía Loren.
Belmonte es uno de los pueblos más pintorescos de la provincia de Cuenca. La villa cuenta con una de las fortalezas más impresionantes de la región, además del castillo en cuyo interior deslumbran su patio de armas, sus artesonados mudéjares y relieves góticos, que extiende sus brazos de murallas hacia la población abriéndose a ella con cinco puertas, de las que hoy en día se conservan tres: la de San Juan, la de Chinchilla y la Puerta Nueva. La Colegiata de San Bartolomé, de estilo mayoritariamente gótico y en la que deslumbran sus puertas del Sol y de los Perdones, compite en belleza con este monumento.
En élse rodaron parte de las escenas de la película El Cid (1961) protagonizada por Charlton Heston y Sofía Loren.
Belmonte es uno de los pueblos más pintorescos de la provincia de Cuenca. La villa cuenta con una de las fortalezas más impresionantes de la región, además del castillo en cuyo interior deslumbran su patio de armas, sus artesonados mudéjares y relieves góticos, que extiende sus brazos de murallas hacia la población abriéndose a ella con cinco puertas, de las que hoy en día se conservan tres: la de San Juan, la de Chinchilla y la Puerta Nueva. La Colegiata de San Bartolomé, de estilo mayoritariamente gótico y en la que deslumbran sus puertas del Sol y de los Perdones, compite en belleza con este monumento.
Además, en una ruta por este destino que invita a realizar un viaje en el tiempo hay que detenerse en el Palacio de Buenavista, el Convento de los Jesuitas, la Casa de Comedias, la Casa Bellomonte, un centro expositivo que recrea una casa del siglo XV, y la ermita de Nuestra Señora de Gracia. Por último, situado en una colina cercana, está el molino ‘El Puntal’, que conserva la maquinaria original y que permite al visitante conocer su funcionamiento.





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